Carreras y, detrás, la inmensidad de las 64.000 hectáreas del parque a su cargo.

Carreras y, detrs, la inmensidad de las 64.000 hectreas del parque a su cargo.

En Payogasta -un pueblito salteño a 2.600 metros de altura, en el kilómetro 4.520 de la mítica Ruta 40 y a tres horas de auto de la capital provincial-, Gerardo Carreras (50) vivió esta semana uno de los días más esperados de este 2020, año que será tan difícil de olvidar: después de más de ocho meses, Los Cardones -donde es el intendente- volvió a abrir sus puertas al turismo, al igual que en la mayoría de los Parques Nacionales del norte argentino.

Los cuatro días feriados del fin de semana largo, del 5 al 8 de diciembre, se vislumbran un éxito porque las plazas hoteleras estaban prácticamente agotadas, lo que evidencia las ganas de viajar acumuladas desde el 20 de marzo. Y Los Cardones está en está en el corazón del circuito turístico que una la ciudad de Salta con Cachi y Cafayate.

De Tucumán a la Antártida

Una de las pingüineras de la Base Orcadas, donde estuvo 14 meses.

Una de las pingineras de la Base Orcadas, donde estuvo 14 meses.

Desde muy chico Carreras soñaba con ser guardaparque. Y aunque cuando finalizó la secundaria ingresó a estudiar Agronomía en la Universidad Nacional de su ciudad, Tucumán, su deseo era terminar el CBC para dar el examen en la escuela de guardaparques. Sin embargo, su primer intento fue fallido -ingresan muy pocos por curso-; la segunda chance -la última, porque estaba a punto de superar la edad máxima permitida, 25 años- la tuvo cuando estaba en tercero de Agronomía, esta vez sí con éxito. Doble éxito, porque podría estudiar lo que siempre había deseado, sin alejarse de Silvia, su novia, a quien había conocido en Agronomía, y la que hoy es su esposa.

En 1997, su destino-debut fue el Parque Nacional Nahuel Huapi, ese paraíso donde estuvo seis años y donde nació Tommy, su primer hijo. Pero así como se había propuesto ser guaradaparque, Gerardo tenía un nuevo objetivo: la Antártida.

Estuve la invernada completa 14 meses entre la ida y la vuelta -relató Carreras-. Salimos desde Buenos Aires en el rompehielos Almirante Urízar y 17 días después desembarcamos, con mi gran amigo y colega Pablo Rosso, en la Base Orcadas. El regreso, en febrero de 2004, fue un poco más rápido porque el Urízar nos dejó en Ushuaia, donde un Hércules nos llevó a Buenos Aires”, comentó.

Esos trece meses de misión antártica más uno de viaje conforman la mayor experiencia profesional de Gerardo. “En las Orcadas, un día de trabajo nunca es igual al otro. En verano, es una isla de vida por la cantidad de fauna: pingüinos, focas, petreles, cormoranes. En esa época nos desplazamos en botes hacia las pingüineras y las cormoraneras, para relevar los ejemplares, hay muchísimas horas de luz. Para que te des una idea, una hora después del brindis de la medianoche del 31 de diciembre, ¡ya había salido el sol!”

“En invierno, por cierto, es todo lo contrario. A las 4 de la tarde ya es noche cerrada, con lo que se reducen las horas de labor. Y los traslados no son en botes sino esquiando sobre las superficies heladas. Entre las tareas, teníamos el monitoreo de la foca de Weddell. Tomamos muestras de sangre y leche de la madre, y de sangre a la cría, para medir la transferencia de energía al cachorro. Muchas veces teníamos que hacer noche en el Refugio Sur de la isla, que no tiene calefacción. No podías sacar ni un dedo de la bolsa de dormir… Yo vi descender el termómetro hasta los 47 grados bajo cero, con sensación térmica de -60 grados, por el viento”, detalló.

Fueron 14 meses lejos de la familia -Tommy ya tenía cuatro años cuando Carreras estaba en la Antártida- y como todavía no tenían internet en la base, las pocas conversaciones que podía tener con Silvia -ya recibida de ingeniera agrónoma- eran a través de una radio.

Otra vez al norte

Con sus compañeros del Parque Campo de los Alisos, hoy Aconquija.

Con sus compaeros del Parque Campo de los Alisos, hoy Aconquija.

De regreso al continente, Gerardo fue destinado al Parque Nacional Calilegua por lo que Benjamín, el segundo hijo (hoy de 15 años) es jujeño. Y luego otro traslado a su provincia natal, al Parque Nacional Campo de los Alisos, que ahora se llama Aconquija. Su esposa Silvia se sumó al plantel como ingeniera a cargo de la conservación del Parque.

Sin embargo en 2019 apareció un nuevo desafío, ser intendente del Parque Nacional Los Cardones, en Salta. Un destino a poco más de 300 kilómetros de su casa de Concepción, en Tucumán, por lo que podría viajar cada dos semanas a ver a la familia. Pero el Covid 19, como a miles de millones de huanos, alteró los planes. Gerardo quedó aislado en Payogasta mientras que Silvia, Tommy (en tercer año de Ingeniería) y Benja (terminando la secundaria) permanecieron en Tucumán.

La vida en Los Cardones

Gerardo, Alicia, Tommy y Benjamín hace unos años en Tucumán.

Gerardo, Alicia, Tommy y Benjamn hace unos aos en Tucumn.

Payogasta y Cachi (a diez kilómetros) además de ser la entrada al Parque, son famosos internacionalmente por su producción de pimentón, sin desdeñar sus papines, los quesos de cabra y los vinos de altura de la zona..

El plantel a cargo de Carreras son 19 personas -incluyendo administración y mantenimiento- para cubrir las 64.000 hectáreas del Parque, cuya altura máxima es el cerro Malcante (5.140). “Hasta la pandemia, Salta recibía un millón de turistas por año, cuenta Gerardo, y gran parte de ellos pasaban por aquí, y entre nuestras tareas, está brindarles información”, precisó.

Con el aislamiento, las visitas desaparecieron pero no el trabajo para los guardaparques. Al monitoreo de la fauna y el mantenimiento de los senderos, se sumó la asistencia al centenar de pobladores, dedicados a la ganadería familiar, que quedaron incomunicados con el resto de la provincia. “Les acercábamos provisiones, agua -escasea mucho en invierno- y los trasladábamos si tenían una emergencia médica”, indicó.

Cerca de la normalidad

Carreras, en Los Cardones, el lugar que lo sedujo más que ningún otro.

Carreras, en Los Cardones, el lugar que lo sedujo ms que ningn otro.

Desde el primero de diciembre, las provincias del NOA retomaron la actividad turística y los Parques abrieron sus puertas para los visitantes interesados en conocer el cardonal principal que tiene alrededor de un millón de ejemplares que llegan a alcanzar los 5 metros de altura. Vistos a la distancia parecen formar un ejercito verde e inmóvil, con sus brazos apuntando al cielo. Este Parque es uno de los pocos del mundo donde el cardón está protegido. Esta especie estuvo cerca de la extinción porque antiguamente su madera, muy resistente, era utilizada en la construcción.

Carreras informó que el Parque abrió en su Fase 1, es decir que se puede acceder sólo por la ruta 33, que los senderos al aire libre están habilitados y que los turistas deben cumplir con el protocolo nacional (distanciamiento, tapabocas, higiene de manos, etc).

A principios de enero, después de tanto tiempo separado de la familia, Gerardo volverá al Parque Aconquija, al menos, por un par de años. Porque tanto lo sedujo Payogasta que quiere regresar, esta vez con su su esposa. “Estos pequeños pueblos conservan su cultura, la gente es cálida, el clima agradable, la comida excelente y el paisaje bellísimo. Y lo digo que yo, que estuve en lugares realmente hermosos”, concluyó.


Los Cardones

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202012/537401-en-los-cardones-un-guardaparque-vive-la-alegria-de-volver-a-recibir-turistas.html

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