Por Alcira Argumedo*

La deforestación aumentó en forma significativa entre 2016 y 2018, por lo que

La deforestacin aument en forma significativa entre 2016 y 2018, por lo que no es casual que en 2020 se afronte la peor sequa en aos”, destaca Argumedo.

Como una experiencia inédita para la humanidad de nuestros tiempos, la pandemia hizo detonar y agravó la crisis de las políticas económicas y la globalización neoliberales, que se venía anunciando tanto en los países centrales como periféricos de Occidente desde tiempo antes. Inglaterra con el Brexit; Francia con chalecos amarillos y grandes huelgas; Italia arrastrando una larga recesión; Alemania con los neonazis y Estados Unidos volcándose al proteccionismo por el deterioro de su balanza comercial con China. En América Latina las crisis ya golpeaban a Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. A fines de 2019, Kristalina Georgieva, del FMI, había advertido que si la desigualdad en el mundo y las orientaciones financieras no se revertían, podía estallar una crisis similar a la de 1930: la actual crisis es mucho más profunda y compleja. 

En el transcurso de las cuatro últimas décadas, la hegemonía neoliberal, contando con el instrumento de poder de las tecnologías de avanzada desde 1980 y reafirmada con la caída del Muro de Berlín en 1989, promovió en Occidente un crecimiento exponencial de la concentración y polarización de la riqueza y un crecimiento igualmente exponencial del desempleo, la precarización laboral, la pobreza y la indigencia. Las cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo indican que el 20% más rico de la población mundial, unos 1.100 millones de personas, concentran el 96% de la riqueza. El 80% restante -6.500 millones, de los cuales 4.500 se encuentran en pobreza e indigencia- solamente cuentan con el 4%. La magnitud de esta desigualdad ha alimentado una crisis de sobreproducción por carencia de demanda, en tanto ese 20% es un mercado excesivamente restringido para el incremento de la productividad de las tecnologías de avanzada y la presencia de China en el mercado mundial.

Las crisis golpean especialmente al campo occidental dado que, en contraste con el predominio de una orientación guiada por los intereses de bancos, fondos de inversión y grandes corporaciones privadas, China -sin desconocer el carácter despótico de su sistema de gobierno- definió una orientación política de su economía y de su inserción en la escena mundial, con una importante participación del Estado y planes a corto, mediano y largo plazo, que le han permitido equilibrar con mayor eficiencia las turbulencias de la crisis mundial y la pandemia. 

No obstante, al margen del mayor o menor impacto de la crisis socio-económica, profundizada por la pandemia en los distintos países del mundo, el conjunto de la humanidad enfrenta las amenazas del calentamiento global, que en palabras del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, son aún más graves que la crisis económica y la pandemia. El calentamiento global se manifiesta en fenómenos meteorológicos extremos: entre otros, olas de frío polar o de calor agobiante; grandes sequías o lluvias torrenciales y tornados; derretimiento de los glaciares y los polos; aumento del nivel del mar. Sus causas principales son las emanaciones de dióxido de carbono de los combustibles fósiles -petróleo, gas y carbón- y la deforestación en gran escala, que elimina el papel de los árboles en la transformación de esas emanaciones en oxígeno y su aporte central para el ciclo del agua y los regímenes de lluvias.   

Poco antes de morir en marzo de 2018, el astrofísico Stephen Hawking advirtió que, si antes de unas cinco o seis décadas no se revierten los factores que alimentan el calentamiento global, la Tierra puede llegar a un punto de inflexión, ingresando en un proceso acelerado e irreversible de calentamiento que alcanzaría unos 200ºC, lo cual significa el fin de la vida en el planeta. En el mismo sentido, 11.000 científicos de todo el mundo y organismos internacionales como el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas, reafirman la necesidad de disminuir las emanaciones de gases de efecto invernadero en un 45% hacia 2030 respecto de 2010 y en un 100% hacia 2050. Estos objetivos requieren una reconversión energética de grandes dimensiones en los transportes, fábricas, edificios, viviendas y otras áreas, a partir de energías renovables: solar, eólica, hídrica, hidrógeno y similares. Reconversión energética que debe acompañarse de un drástico freno a los procesos de deforestación y la promoción de políticas de reforestación de amplio alcance, como condición decisiva para no alcanzar ese punto de inflexión irreversible. 

“Argentina tiene el triste mérito de ser el segundo país en el mundo que mayor superficie de bosques eliminó entre 1982 y 2016, sólo superada por Brasil y seguida por Paraguay”

De acuerdo con un estudio publicado por la prestigiosa revista científica Nature, Argentina tiene el triste mérito de ser el segundo país en el mundo que mayor superficie de bosques eliminó entre 1982 y 2016, sólo superada por Brasil y seguida por Paraguay. Solamente entre 1998 y 2018, a causa del avance de la frontera agrícola con los cultivos transgénicos, se deforestaron 6.500.000 hectáreas. Este proceso  tuvo como resultante una creciente concentración de la tierra y la expulsión de pobladores rurales, afectando además duramente las condiciones de vida de las comunidades indígenas, que obtienen sus alimentos de los bosques. La deforestación creció de manera significativa entre 2016 y 2018; y no es casual que en 2020 se afronte la peor sequía en años, donde tres de cada cinco hectáreas se ven duramente afectadas.   

En contraste y a diferencia de los países europeos, que son los más avanzados en la reconversión energética, el territorio argentino presenta óptimas condiciones para la producción de energías renovables en todas sus variantes: dispone de sol, vientos, cursos de agua y otros recursos, además de yacimientos de litio, que es un insumo clave para la producción de baterías. La decisión de orientar el grueso de las inversiones y de los subsidios hacia la producción de hidrocarburos no convencionales, principalmente en los yacimientos de Vaca Muerta, constituye para nosotros un camino equivocado: no solo debido a la necesidad urgente de reemplazar los combustibles fósiles que alimentan el calentamiento global, sino además porque la técnica de fracking es contaminante y ha demostrado que no es rentable.

Con esta técnica, Estados Unidos alcanzó la autosuficiencia energética, que es un objetivo estratégico-militar ante las turbulencias de sus proveedores tradicionales: Venezuela y las naciones de Medio Oriente. Pero, al mismo tiempo, un estudio del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero de Estados Unidos demostró que en ese país las actividades dedicadas a la producción de petróleo y gas con fractura hidráulica tuvieron un flujo financiero negativo global, una pérdida neta, de casi 200.000 millones de dólares entre 2010 y 2019. El estudio estima además que el exceso de oferta de petróleo y gas, con la saturación del mercado en todo el mundo, amenaza con mantener los precios bajos en el futuro previsible.

Estos desafíos obligan a promover un debate amplio y riguroso, duro y realista, acerca de las orientaciones productivas de nuestro país, con una evaluación de costos y beneficios en el corto y largo plazo, considerando que se requieren transformaciones de carácter civilizatorio ante los nuevos escenarios y las amenazas del calentamiento global. En 2017, el Parlamento Europeo prohibió la mega-minería con cianuro y ácido sulfúrico en todo el territorio de Europa, por considerar que tiene “consecuencias catastróficas e irreversibles”. Los cultivos transgénicos han requerido un incremento en la utilización de glifosato de un 860% entre 1996 y 2019: está comprobado que es cancerígeno y ha cobrado demasiadas víctimas, según dolorosos informes de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario.

Las mega-granjas de producción porcina han producido epidemias en China que obligaron a eliminar 250 millones de cerdos y se están desmantelando en Holanda por los impactos negativos que generan, cuando es posible implementar esa producción en cientos de chacras mixtas sin contaminación. Ante la prevista reconversión energética a escala internacional, las grandes inversiones en hidrocarburos no convencionales con el objetivo de exportar gas natural licuado pueden ser tan anacrónicas como haber realizado grandes inversiones para exportar velas de sebo cuando llegaba la electricidad. La responsabilidad de las decisiones políticas actuales con las generaciones más jóvenes es ineludible.             

*Alcira Argumedo es socióloga, docente universitaria y exdiputada nacional. Esta nota fue publicada originalmente en la revista “Impresiones”, de la editorial de la imprenta del Congreso de la Nación.

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202012/538076-los-desafios-frente-a-una-crisis-ambiental-y-social.html

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