Uno vive en el paupérrimo Brasilandia, el barrio con más muertos por coronavirus en San Pablo, estudia Historia en la universidad pública, hincha por Corinthians y tiene 28 años; el otro es un brasileño que vive en Kiev, entrenador de paramilitares en los conflictos del mundo y ya combatió para la extrema derecha ucraniana contra el gobierno ruso.

Ambos fueron los protagonistas de las marchas a favor y en contra del presidente Jair Bolsonaro que terminaron con gases lacrimógenos y corridas en la Avenida Paulista, una protesta que marcó por primera vez la aparición de grupos antifascistas formados por hinchadas de fútbol para contrarrestar a los bolsonaristas.

Este Brasil de la distopía del Covid-19, con el gobierno federal negando desde el inicio de la pandemia la gravedad del contagio, ofreció ayer la presentación de dos mundos dentro de una misma ciudad que entraron en conflicto en las calles porque los bolsonaristas tenían una bandera del Pravy Sektor, la organización de extrema derecha ucraniana que sirve de inspiración para el oficialismo tropical.

El primer personaje es Danilo Pássaro, estudiante de Historia en la Universidad de Sao Paulo (USP), de 28 años, quien conduce una rama de la hinchada de Corinthians llamada “Somos Democracia”, que convocó a la marcha de “antifascistas” contra el negacionismo de los bolsonaristas.

“El riesgo de la aglomeración fue menor que el riesgo que tiene la democracia”, dijo Pássaro luego de la manifestación de los “antifascistas”, que contó con el apoyo de sectores de izquierda de las hinchadas de fútbol y otros integrantes de movimientos sociales, aunque sin banderas.

Dijo que partidos políticos intentaron capitalizar la manifestación pero hubo un acuerdo en que todos debían ir de negro y sin banderas partidarias, apenas con “Somos Democracia”, grupo formado por hinchas del Corinthians, club famoso por su lucha contra la dictadura en Brasil.

El movimiento Democracia Corintiana, de Sócrates, Wladimir, Walter Casagrande y Zenon, en 1982, fue una forma en la cual jugadores de fútbol pedían el regreso de la democracia, y eso quedó plasmado en gran parte de las organizaciones del club, el segundo mayor de Brasil y el rey de los paulistas.

“Soy de Brasilandia, el barrio de San Pablo con mayor número de muertos; en las manifestaciones bolsonaristas ridiculizan nuestra muerte y nuestro luto, banalizan el mal, tenemos unos 30.000 muertos y estos grupos extremistas se ríen de todo, es un shock de civilización que precisa ser combatido”, afirmó Pássaro.

A 100 metros estaban los bolsonaristas, pidiendo la intervención militar para cerrar el Congreso. El más agitado era uno vestido con colores militares de combate, que se hacía llamar “soldado”. “Yo estuve en la guerra, no me jodan”, gritaba cuando los corinthianos le quisieron robar su bandera roja y negra, del grupo extremista ucraniano Pray Sektor.

Todos se preguntaban quién era ese manifestante vestido de G.I. Joe en medio de banderas de Ucrania, Israel, Estados Unidos y la del Brasil imperial (hasta 1889) apoyando a Bolsonaro y la intervención armada contra los poderes constitucionales.

Se trata de Alex Silva, un paulistano de 46 años que trabaja para la empresa ucraniana de seguridad privada y entrenamiento militar en el extranjero Center-A. Entrenó paramilitares en Afganistán, según dijo a la prensa local, y combatió contra las fuerzas rusas en Ucrania en 2014.

“Los ucranianos armados impidieron la invasión de los rusos y los grupos financiados por Vladimir Putin; la gente salía de sus casas e iba al frente de batalla en los colectivos”, dijo Silva.

Este brasileño que vivió en Gales y Polonia y reside en Kiev vino en marzo a Brasil para abrir una filial de la empresa Center-A aprovechando la liberación de armamento y de clubes de tiro generada por el gobierno brasileño.

“Tenemos varios clientes, trabajamos con iniciados y veteranos de guerra; por ejemplo, si es una empresa marítima, damos entrenamiento contra la piratería”, explicó.

Gran parte de sus clientes son “contratados privados que participan en conflictos”, es decir mercenarios de guerra. En su Instagram, Silva tiene fotos con sus clientes a los que entrena para la guerra en Afganistán.

Explicó que la bandera del conflicto en la manifestación no tiene vinculaciones con el neonazismo. “Es una bandera que se usa desde el siglo XVI, el negro es la tierra ucraniana y el rojo es sangre de los héroes; el tridente en el medio es un símbolo del príncipe Vladimir que introdujo a fines de los años 900 el cristianismo”, dijo.

Este entrenador paramilitar defiende la liberación de armas para evitar “dictaduras” como la que él ve en la actitud de los gobernadores, como el de San Pablo, de restringir el comercio y las aglomeraciones como forma de evitar el contagio de Covid-19.

El embajador de Ucrania en Brasilia, Rotyslav Tronenko, dijo a CNN Brasil que no veía problemas en el uso de esa bandera.

Las manifestaciones bolsonaristas de los fines de semana de la pandemia a favor de cerrar la corte suprema y el Congreso encontraron por primera vez la resistencia de un grupo de izquierda que violó el principio de aislamiento social.

Bolsonaro participa de todas e incluso el domingo lo hizo, andando a caballo frente al Palacio del Planalto. Pero hoy se desentendió de los organizadores y pidió no manifestarse el fin de semana.

“Elllos (por los antifascistas) han convocado a la marcha, ellos convocaron para el domingo, hay que dejarlos solos”, dijo el mandatario para pedir a sus seguidores no salir a la calle el mismo día que sus opositores.

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202006/470889-postal-de-brasil-un-bolsonarista-y-paramilitar-de-kiev-vs-un-estudiante-de-historia-de-corinthians.html

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